miércoles, 22 de abril de 2009

Batiburrillo


En todos y cada uno de los coches que he tenido ha habido siempre una imagen imantada de la Virgen del Pilar. Tres años viviendo en Zaragoza tenían que servir para algo y yo me siento mejor así.

El lunes estuve allí. Gracias al AVE , Zaragoza queda a tiro de piedra, ya no hay excusas. Sin tiempo para nada, lo justo para saludar a la Pilarica, comprobar que la Seo, ya restaurada, cierra los lunes y que Zaha Hadid se ha empeñado en perseguirme y avasallarme con sus obras faraónicas coproducidas por sus negros (es la tercera que me trago en menos de dos meses). No le quito mérito, pero yo prefiero a la gente normal, que no va de nada. Me he alegrado mucho con el último Pritker. Peter Zumthor es mucho más cercano, y sus obras pasarían seguro un test de paternidad.

Hoy el viaje ha sido un poco mas largo. Cuatro ciudades en menos de veinticuatro horas: Madrid, Bangkok, Hong Kong y Taipei. Llovía en las tres últimas. Estoy cansado y, sin embargo, aquí estoy, al pie del cañón. Cosas del jet lag, que no me deja dormir cuando debo.

Lo bueno de volar tan lejos es que hay tiempo para leer. Hoy me ventilé de un tirón “el corazón de las tinieblas” de Joseph Conrad, de nuevo. Quería darle una segunda oportunidad pues fue leído en su día sin pena ni gloria. Ya en segunda lectura, he de confesar que ha subido puestos pero no creo que caiga una tercera nunca más. Guardo para el viaje de vuelta “el camino de las hormigas” de Josep López Romero y la biografía inacabada sobre Montaigne, escrita por Zweig justo antes de suicidarse.

Y lo bueno de volar tan lejos es que también hay tiempo para escribir. Hay tiempo, mucho tiempo. Hace unas horas, a diez mil metros de altura, justo cuando sobrevolábamos Afganistán, y yo me resistía a pensar en la guerra:

“Oye el color del aire en la mañana
Y agradece tu conciencia al Hacedor.
¡¡Cuántas cosas bellas ya creadas
Nos esconden, a la vista, Su razón!!

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